Gabriel Colucci: Tener una buena idea y realizarla

Vivimos conectados a la naturaleza. Nos rodea la playa, el mar, el bosque. Vamos y venidos abrazados por las maravillas de nuestro mundo. Algunos, incluso, aportamos nuestra creatividad para que el disfrute de estos sitios sea aun más noble. Gabriel Colucci es uno de ellos. Emprendedor y soñador, decidió hace años darle rienda suelta a sus gustos creando tablas de surf. Su "movida" se llama Atlántica Surf y es conocido en el mundillo del deporte. Su premisa fue tener una buena idea y perseguirla.

"Soy de Pinamar, nací en el año 81', un 1 de julio, el mismo día que Pinamar, así que llevo esta camiseta en el corazón", cuenta "Gabo", "Hice la escuela acá y cuando terminé la secundaria me fui a estudiar Diseño y Comunicación Visual a La Plata. Cuando me recibí volví a Pinamar y no me moví más".

Su amor por el surf comenzó desde chico: "Con el grupo de la ENET empezamos a hacernos amigos del mar. Hacíamos de todo juntos pero nos faltaba el agua y así fue como nos acercamos al mar. Principios de los 2000 empazamos a surfear. Mi primera tabla la compré de un amigo que no la usaba más. Esas vuelta de la vida, me la terminaron regalando y luego los otros chicos fueron consiguiendo sus tablas. Nos empezamos a meter al agua casi sin saber nada. Había un par de surfshops, uno de "Pitucho", pero no era fácil conseguir tablas o herramientas. Esos primeros años fueron lentos pero divertidos".

La Rambla de Ostende, uno de los "point" más tradicionales de Pinamar, fue su espacio en aquellos primeros años y Gabriel recuerda que la necesidad fue formando el oficio: "Las tablas se rompían y por necesidad empecé a interesarme en las maneras de arreglarlas. Nosotros nos metíamos acá en Ostende y si pasaba algo era todo un tema ir hasta Mar del Plata. Así empecé a comprar los instrumentos, a emparchar, a arreglar puntas. Las mías y las de los chicos también. Quedaban mal pero no se volvían a romper".

Pasaron los días y esa necesidad fue generando un sueño. "Gabo" lo tomó y avanzó: "La vi en ese momento", explica, "Tuve el sueño y lo perseguí. Empecé a ver que las cosas me salían y de la nada tuve la chance de hacer un curso para arreglar tablas en Gesell, algo difícil, casi imposible en esa época. Insistí, le metí pilas, me enseñó todo lo necesario para seguir adelante. Invertí, junté material y luego, en el 2004, armamos la primera escuelita".

Con el tiempo el trabajo de arreglos fue creciendo y allí surgió la oportunidad de jugársela por su propio negocio: "Hace 15 años que empecé a vender tablas. Personalizadas, creativas. Hacía para mi, las vendía y finalmente abrí el local y todo se fue dando. Empujamos desde cualquier lado, boca a boca, escuelitas, amigos, todo sirve para que lo que haga se conozca y pueda competir con las grandes marcas". 

"Si tuviera que repetir todo lo que hice en mi vida lo haría nuevamente tal cual", reflexiona en el final de charla, "y esa misma filosofía es la que quiero transmitir. Animarse, ir a la playa, ser creativos, estudiar, capacitarse, hacer todo lo posible para hacer realidad los sueños. Tener una buena idea y pelearla. No es fácil pero se puede, siempre se puede".